Historia del Rock en Ecuador IV: Los Hippies (Banda)

los hippies

Dueños estilo muy particular, la agrupación guayaquileña Los Hippies representa el más importante paradigma sesentero de los inicios de nuestro rock. El inicio de Los Hippies se remonta hacia 1967, cuando Miguel Gallardo y Héctor Napolitano comandan la gesta para conformar una agrupación de características rocanroleras. Se dice que por aquel entonces ya empezaba a surgir una que otra banda de corte netamente rock.

Ubicados en una casa en el centro de Guayaquil, inician sus primeros pasos musicales, con ensayos de varias horas donde tocaban covers de lo mejor de la escena inglesa y norteamericana. A Miguel y Héctor se les unieron Pepe Ordoñez como vocalista, Enrique Alín como bajista, Carlos “El Capo” como baterista, y más adelante Homero Gallardo en los teclados. Todos los integrantes bordeaban los 14 y 17 años.

Napolitano eventualmente dejó el grupo para integrar Los Apóstoles, siendo suplantado por un guitarrista chileno llamado Claudio, quien duró muy poco tiempo siendo reemplazado por Alamiro Gonzáles.

Los Hippies

Psicodélicos por “Los Escarabajos”

En aquellos años la música de The Beatles era un fenómeno mundial, al inicio gran parte del repertorio de Los Hippies eran covers de The Beatles o canciones inspiradas en ellos. Luego siguieron absorbiendo la influencia de bandas como Led Zeppelin.

Tras varios meses de ensayos intensivos el grupo encontró su sonido. Homero Gallardo recuerda: “Nosotros éramos un grupo de rock fuerte, no ‘fresa’. Adoptamos el nombre de Los Hippies a propósito de la corriente que se vivía en esos años, lo que contrastaba nuestra imagen de chicos rebeldes de cabelleras largas y de vestimenta colorida, psicodélica, llena de flores y figuras. Nosotros fuimos la primera banda que hizo rock en el Ecuador.”

Continúa: “Por cerca de dos años en los escenarios tuvimos muchas tocadas en varias ciudades, en la Costa principalmente, lugares cercanos a Guayaquil. Eran frecuentes las quermeses colegiales y las fiestas hippie privadas en domicilios de los amigos, o un poco más públicas en bares y discotecas, lugares a los que a veces nos negaban el ingreso por nuestras cortas edades e impedían que nos presentáramos en alguno de ellos”.

Lograron ganarse un gran número de seguidores y fanaticada incondicional, contaban con el total apoyo de sus familias, mas no así de sus maestros y directores de secundaria, provocando que la mayoría de los integrantes se retire del colegio, retomando sus estudios algún tiempo después.

Repertorio de 5 Horas

La banda poseía un repertorio de poco más de cuarenta canciones, hacían uso de todo su repertorio, especialmente, en aquellas fiestas privadas que duraban de 10 pm a 2 de la mañana. A parte de sus primeras canciones inéditas, también incluían covers de los mencionados Beatles, Led Zeppelin, y de Black Sabbath, Deep Purple, The Rolling Stones y The Guess Who.

Los Hippies

Canciones de Protesta contra el Mundo

Una de estas canciones inéditas se titulaba “Protesta contra el Mundo”, que más adelante formó parte de su segundo EP que vio la luz en 1969 bajo el sello de Fedediscos, firma que les abrió las puertas desde que grabaron su primer 45 RPM en 1968, el cual contenía versiones de “One Is The Loneliest Number” de Three Dog Night) y “Gimme Gimme Good Lovin’” de Crazy Elephants. Como vemos, tenían un muy buen gusto estos muchachos.

One – Uno

Los Hippies compartirían escenario con Los Apóstoles, Las Hormigas, Los Corvets, Los Príncipes, y muchos más. Con algunos de estos participaron en un gran concierto que se llevó a cabo en el Coliseo Julio César Hidalgo de Quito.

Gimme Gimme Good Lovin –  Dame dame amor bueno

En el trayecto de su vida musical, encontraron en la amistad con el legendario Pancho Jaime, su principal recurso para las presentaciones en vivo. En diciembre de 1970 fueron llamados a ser el grupo de planta del primer bar psicodélico del Ecuador, fundado por el mencionado Pancho “La Mamá del Rock”, llamado LOVE.

Prohibiciones y Boicots

Siendo el rock un género despreciado, satanizado e incomprendido por la conservadora sociedad ecuatoriana, muchas de las presentaciones de Los Hippies fueron censuradas, incluso el mismo alcalde de Guayaquil de aquel entonces, Asaad Bucaram, ordenó que se cancelen los conciertos de la banda por seis meses, con orden prisión si no acataban la orden. Lo que sumaba a los boicoteos conjuntamente con la Comisaría de Espectáculos acusándolos de alterar el orden público. Frente a esto la banda optó por camuflar su nombre original por algunas semanas por el de “Los Protesta”, y así participar en más presentaciones.

La Partida

El sueño de Los Hippies duró casi cuatro años. En 1971 el grupo no daba para más por varios factores que alteraron su continuidad. A partir de aquel momento Miguel y Homero Gallardo deciden terminar con el proyecto de ‘Los Hippies’ e incluyen a Gustavo Pacheco en sus filas, los llamados a ser nuestros La Pesada del Rock and Roll o nuestros Pescado Rabioso, cambiarían su nombre a “SUPER GRUPO BODDEGA” y una nueva leyenda nacería…

 Pepe Parra y los Hippies

Mil agradecimientos a Orlando Mena cuya revista Atahualpa Rock es la gran base de toda la publicación.

Entrevista Con Homero Gallardo (Tecladista De Los Hippies) Cortesía Atahualpa Rock

Fotografías extraídas de la Fan Page oficial de Los Hippies


Historia del Rock en Ecuador III: Ramiro ‘El Negro’ Acosta

Ramiro Acosta

Hace unos días pudimos disfrutar de un fantástico recital en el Quito Blues, el invitado de honor, como no podría ser de otra manera, era el inigualable Ramiro ‘El Negro’ Acosta. Pionero del rock en la ciudad de Quito, si mi Guayaquil tiene su Viejo Napo, Quito tiene su Ramiro Acosta. Poseído por un blue devil de aquellos que hicieron el pacto con Robert Johnson en el cruce entre la Autopista 61 y la 49, -acaso acá entre la Av. Guayaquil y Caldas- creador de la primera banda que se atrevió a rockear verdaderamente en la capital, y cabeza de muchísimos otros proyectos más que lamentablemente han caído en el olvido, aquí estamos nuevamente para hacerle justicia.

El Abuelo del Rock

Con sobrenombres que van desde Santana criollo, Hendrix de la Foch, hasta Abuelo del rock, en el mundo del espectáculo es más conocido como El Negro. Ramiro Acosta, un personaje que jamás ha pasado desapercibido, bigote abultado, grandes ojos, acento guayaco y aficionado de Barcelona. Según su estado de ánimo, su cabello largo le cobija hasta los hombros o le cae sobre la espalda con una gruesa trenza, lleva mamelucos. jeans o pantalones coloridos a lo hippie. Una gorra, boina, o sombrero adornan su cabeza ocultando aquellos pequeños arrebatos de furia cuando algo no le funciona bien con el sonido. 
Indumentaria que lo hizo famoso en decenas de festivales de artistas nacionales, internacionales, en actos culturales, recitales, en teatros cerrados o al aire libre, en todos lados se lo ve a El Negro, detrás de sus enormes consolas.

Segundo de siete hermanos, Carlos Ramiro Lenin Acosta Silva es hijo de María Luisa Silva Novoa y Servio Tulio Acosta Yépez. Nació en Quito el 11 de marzo de 1952, aunque muchos crean que es guayaco. Sus aires de costeño los adquirió de niño, cuando vivió con su familia por algún tiempo en Guayaquil y Milagro (Guayas). Pero hay también quienes le dan como carchense, con lo que confirma su carácter camaleónico.
Miembro de una familia, hasta cierto punto nómada, la casualidad lo llevó a nacer en la capital. También vivió en Cuenca por un año, cuando cursaba el cuarto grado de escuela. Luego viajó a pasar la temporada de vacaciones en Tulcán donde sus parientes y terminó quedándose por dos años. De ahí la errada tesis de considerarlo carchense.

Ramiro Acosta

Primeras Influencias 

Su mayor influencia fue su padre, el músico de conservatorio Servio Tulio Acosta Yépez y su abuelo Carlos, figuras musicales carchenses de larga trayectoria. Sin embargo el rock llegó hacia él gracias a su hermano mayor Gorky.

Ramiro siempre tuvo madera de artista. A la edad de cinco años interpretó clásicos de la música mexicana en la radio La Voz de Milagro, acompañado del músico Humberto Santacruz. Luego recibió de su papá un regalo inolvidable: un disco de Tchaikovsky y otro de Korsakov. Y esto no fue todo, a los 6 años, su abuelo le obsequió una guitarra de juguete y así se fomentaban las bases de la gran pasión de su vida; la música. Poco a poco iba llegando la ola rock ‘n’ roll a los lares quiteños, entre 1965 y 1966 ya empezaban los primeros grupos a tantear el rock tímidamente. Entre estas primeras agrupaciones podemos mencionar a Los Golden o Los Flipers, ambas agrupaciones con su hermano Gorky en la guitarra. 

Desde pequeño abandonó su hogar en busca de la aventura. Culminó la escuela y asistió al colegio Central Técnico. Vivió en algún pequeño cuarto de San Roque, la 24 de Mayo, La Floresta, La Vicentina o Los Dos Puentes. El Negro, por muchos años hizo de todo para poder sobrevivir. Tenía 15 años, mientras estudiaba trabajaba rebobinando motores de autos. A partir de los 16 dio clases particulares de física y matemáticas. Y también le hizo al campo, ya de regreso a casa, junto a su madre debió asumir el huerto familiar de naranjilla en el oriente ecuatoriano, luego que su padre fuera a trabajar en una petrolera. Por aquellos años ya llegaban a sus oídos los que serían sus mejores referentes musicales: Jimi Hendrix, The Rolling Stones, Eric Clapton, The Beatles, y Carlos Santana.

Inicia el Vuelo

En un conjunto del Central Técnico empezó su historial como músico. Los intercolegiales lo consagraron como un prodigio de la música. Sin embargo enfrentaba conflictos ideológicos internos: o ser músico, o un revolucionario seguidor del Che Guevara. Eligió las dos. En Quito fue de los primeros en dejarse el cabello largo, usar jeans de campana, y zapatos de plataforma. Vivía bajo el lema de ‘Haz el amor y no la guerra’, sembró el espíritu de Woodstock en estas tierras.
En el colegio, en cuarto curso, optaría por la carrera de Electricidad. Fue en estos años donde comenzó a reflexionar sobre la libertad y la revolución. Militó en frentes políticos estudiantiles y fue protagonista de algunas revueltas callejeras a favor de los derechos de los trabajadores o del pueblo indígena.

En el Conservatorio estudió guitarra, violín y canto por seis años, pero no terminó la carrera: prefirió retirarse cuando casi lo expulsan por hacer de la Serenatta de Schubert un blues y por interpretar la Quinta Sinfonía de Beethoven con guitarras eléctricas. Por estas épocas forma un grupo que se caracterizaba por hacer música con banjo, una suerte de bluegrass, con el que participó en un intercolegial en el colegio San Gabriel.

El Negro ya pintaba como músico en potencia, pero no podía avanzar a sus anchas con guitarras prestadas, contaba tan solo con el apoyo de su padre, don Servio Tulio, quien se las arregló para comprarle una guitarra, valiéndose de un viaje al exterior que hizo su hermano. Una guitarra sin marca, de mediana calidad, pero esta fue su primera eléctrica, a pesar que Gorky ya tenía la suya…

Preámbulo De La Tribu 

Tras disolverse Los Golden y Los Flipers a finales de los 60s, varios jóvenes del grupo musical del colegio Mejía se contactan con Gorky Acosta. La idea era formar una banda de rock. Gorky acepta asumir la guitarra líder y el grupo empieza a funcionar. Al acompañar a su hermano a los continuos ensayos, Ramiro entabla amistad con el resto de los integrantes, especialmente con Marco Polo Romero, el vocalista. El grupo duró el corlo tiempo que les faltaba para terminar el bachillerato. 

Los  muchachos frecuentaban las llamadas misas a-go-gó’. Lo interesante de esto era que en las misas se incluía música religiosa con toques ‘nuevaoleros’. Los integrantes de lo que fue el grupo del Mejía formaban parte del grupo de la iglesia de El Girón (norte de Quito). Aparte, experimentaban con música de The Doors.

En cierta ocasión a El Negro también le inquietó asistir al Girón e integrar el grupo de sus amigos. Esto sirvió para ponerse al tanto de lo que hacían de forma paralela. Meses después, El Negro deshecha su proyecto colegial y se junta con los seguidores de Morrison: Fernando Benavides (batería), Marco Polo Romero (vocalista), Ernesto Alvarez (bajista) y Alvaro Sáez (guitarra). Así conformaron la fase preámbulo de lo que fue La Tribu. Estar en el grupo ‘a-go-gó-religioso’, les daba la oportunidad de aprovechar el espacio y los instrumentos para ensayar su música, eran mediados de 1969.

Ramiro Acosta

La Tribu

Sin instrumentos propios, la idea de formar una banda independiente se frustraba. No obstante, el padre del baterista era Comandante General de La Marina, así pudo conseguir, financiado por el gobierno, una guitarra, bajo, amplificadores y una batería, para su hijo, así los muchachos arrancaban con el proyecto que más tarde se llamaría La Tribu (1970 – 73), la primera banda verdaderamente rockera de Quito. 

‘El Negro’ había cumplido dieciocho años cuando la ‘Nueva Ola’ rock n’roll estaba en su apogeo y La Tribu se consolidaba como banda. Es así que se lanzan a organizar los festivales de ‘Amor y paz’ en la Concha Acústica de la Villaflora, desde el 11 de marzo de 1972. Con su gran potencial interpretativo y creativo lograron liderar la etapa inicial del rock capitalino.

Una vida junto al rock

Con La Tribu irrumpió en bares, fiestas hippies y fueron los responsables de que La Concha Acústica sea identificada como la cuna y lumbre del rock en la Capital desde 1972. Mientras con su segundo grupo, Sueño De Brahamas (1975) penetró en el teatro Sucre (Quito centro), escenario que era solo para presentaciones clásicas y conservadoras, convirtiéndose en uno de los primeros ‘rockeros’ en tocar en un teatro importante en Ecuador. Con Sueño De Brahamas, proyecto favorito de Acosta, explora el hard rock y la experimentación total, esta banda fue su ‘Pescado Rabioso’ si hablamos en términos Spinettosos.

Este proyecto duró año y medio dando paso luego a Hombrecitos Idos (1977), experimento armado para un concurso, que por ese entonces organizó Coca Cola, en el Teatro Capitol. Aquí Acosta tocó el violín y aportó con cinco temas de su autoría; entre ellos, Sinfonía de ilusiones y Hombrecitos idos, la cual dio el nombre a la banda. Tras integrar un conjunto ambateño, formó parte de Sonido 6, grupo que luego se transformaría en Real Audiencia (1978), banda de tinte más comercial. Luego vendría Band (1979 – 1980) preámbulo del grupo Nova acompañado de la voz estelar de Tanya Bedach, popular cantante de aquellos años. Luego formó Manzana (1982) banda con la que versionó varios temas de The Beatles.

Amante de las innovaciones y las singularidades, Ramiro Acosta se unió a Héctor ‘El Viejo Napo’ Napolitano para hacer fusiones Country bajo el nombre de Chanchos Voladores. Posterior a este gran proyecto vendría Rock Cía., antes de consolidar su madurez musical en la tan afamada agrupación Tarkus (1983-1985) junto a la excepcional vocalista Diana Cárdenas, hoy radicada en EE.UU.

Participó en un sinnúmero más de proyectos tocando el violín, el bajo, la batería, la harmónica, etc., pero su fuerte siempre fue la guitarra eléctrica, y aún hoy es reconocido como uno de los mejores guitarristas que ha tenido este país.

Muchas de estas agrupaciones y proyectos lamentablemente no contaron con algún registro audiofónico, y quedaron simplemente en la memoria colectiva de aquellos rockeros, fieles seguidores de El Negro. Hasta hoy Acosta se lamenta por esto confesando que antes acceder a un estudio de grabación era virtualmente imposible para las agrupaciones y artistas de bajos recursos.

En 1993 participó en el concierto ‘Celebration’ realizado en la Plaza de Toros de Quito, junto a importantes músicos. Tiempo después el 21 de Junio de 1994 creó Fundación Santana, proyecto con el  que compartió escenario con los franceses Mano Negra en la Plaza de San Francisco.

En 1997 junto a 50 músicos, artistas y técnicos, formó parte del festival ‘Aquellos años setenta’ festival homenaje a aquellos temas que marcaron el rock nacional y latinoamericano. En ese mismo año es contratado por Gamavisión (hoy Gama Tv) como responsable del audio del Festival OTI (Versión Ecuador).

Paralelo a sus bandas de rock y proyectos sonidistas, formó parte de una larga lista de orquestas como músico de apoyo. Por otro lado, a la música folclórica le guarda un gran respeto, pese a que jamás la interpretó; aunque reconoce su delirio por un yaraví. Para quienes desconocen su faceta de músico (rockero), él siempre estuvo arriba de las tablas, no abajo. Sin embargo uno de sus eternos anhelos fue tener un estudio de grabación. Por todo aquello en el 2003 volvió a los escenarios. Primero como parte del cartel para el concierto de EDITUS (Costa Rica) y después, el 28 de agosto para hacer KAYA, un experimento de fusión jazz andino, en compañía de Manolo Cáceres, Mauricio Vicencio, Stalin González y Andrés Benavides, que se presentó en el Teatro Nacional de C.C.E.

El Amo del Sonido

Sus primeros coqueteos con el tratamiento de audio y sonido comenzaron en su apogeo de músico, cuando al momento de las presentaciones todo se arruinaba por la inexperiencia y desinterés de quienes se encargaban de esto. Tras haber alcanzado el bachillerato decidió estudiar Ingeniería Eléctrica, como una forma de complementar sus aficiones. No llegó a graduarse, porque  faltando seis meses se dio cuenta que su vida era la música. Del Conservatorio heredó la técnica -ninguno más ligado a la partitura que él- y de la Politécnica aprendió el manejo de las luces y los equipos.

Ramiro ‘El Negro’ Acosta comenzó en ‘las perillas’ en 1975, antes que aparezcan cualquiera de las empresas de sonido que existentes en el país. En 1987, por casualidad adquirió los equipos de su actual estudio. Hoy, su empresa de grabación y amplificación se llama ‘Acosta Producciones’, con estudios que cuentan con tecnología digital y multitrack, especial para grabaciones en vivo, con las que ha plasmado la música de los 4 del Altiplano de Chile, Quimera, Margarita Lasso, Hugo Idrovo, Sal y Mileto y un extenso etcétera…

Previo a inmiscuirse por completo en el mundo del sonido, conoció pequeños estudios de grabación que le permitieron grabar jingles y algunos anuncios publicitarios. Pronto se lanzaría con éxito al campo profesional. Acosta no era ningún novato en estos menesteres, ya que a sus 23 años tuvo su gran prueba de fuego, cuando fue técnico de sonido del cantante español Raphael en su paso por Ecuador.  Desde ahí inició la larga lista de los artistas nacionales e internacionales que desfilaron frente a sus consolas.

Ramiro Acosta Sonido

Que Se Respeten Los Músicos Del País

Su experiencia es un reflejo de su pasión e ideología, de sus conocimientos y técnicas. ‘Acosta Sonotécnica’ fue su primera empresa. Aun corrían la década de 1980 y su trabajo era solicitado incluso fuera de Ecuador. Por éste y por muchos otros méritos, como el denominado espectáculo ‘1812’, realizado en el parque La Carolina en Quito, fue merecedor de grandes reconocimientos. Allí tuvieron que unir los equipos de toda la gente. Acosta fue el encargado de manejar 160 micrófonos. Y 18 minutos antes de que empiece el show le dijeron que el evento iba a ser televisado en vivo. 
Pese a todos sus logros jamás abandonó su humildad. Se convirtió en un gran divulgador de sus conocimientos y ayudó a que varios sonidistas se profesionalicen. Recordemos que la carrera de Ingeniería en Sonido, y Producción Musical son relativamente nuevas en nuestro medio, carreras totalmente desconocidas en los tiempos del Negro.

Otra de sus luchas fue lograr el respeto para los artistas nacionales, recordemos que antes nuestros artistas ‘abrían conciertos’ solo para afinar los equipos antes del artista internacional de turno, lamentablemente aún seguimos viendo estos casos por estos días, afortunadamente, en menor medida.  

Una Leyenda Viva

Acosta fue incluido en la Enciclopedia Ecuatoriana de la Música, en 2012 participó en su amada Concha Acústica recibiendo los honores que se merece una leyenda. Leyenda que sin embargo ha permanecido oculta para toda una generación, estoy seguro que el pasado viernes (03/08/2013) en el Quito Blues muy pocos habían escuchado de la existencia de Ramiro Acosta, pero con su talento que sigue intacto y su inigualable presencia musical, conquistó los corazones de todo Quito nuevamente, cada nota de su guitarra llegaba directamente al alma, por un momento nos transportó a Woodstock, él era Hendrix, ¡nuestro Hendrix! Muy pocos músicos tienen esa capacidad de hacerte volar con cada nota, espero siga siendo invitado a más festivales ya que él representa el verdadero rock de nuestro país, por esto y más ¡Larga vida al Negro!

Ramiro Acosta

Mil agradecimientos a Orlando Mena cuya revista Atahualpa Rock es la gran base de toda la publicación.

Fotografías Cortesía de Ramiro Negro Acosta Fan Page


Historia del Rock en Ecuador II: Expansión del Rock y primeras bandas ecuatorianas

Rock Ecuador 60's

El rock inundó Latinoamérica por completo a principios de la década de 1960, luego de algunos guiños rocanroleros de parte de Sandro, Enrique Guzmán, Los Teen Tops, Los Mitos de España, inspirados en Elvis Presley, llegaría el fenómeno Beatle no dejaría indiferente a absolutamente nadie en el mundo y Ecuador no fue la excepción. El origen del rock en Ecuador siempre ha parecido oscuro; se conocen a bandas sesenteras de Argentina como Almendra, Sui Generis, Los Gatos, de Chile como Los Jaivas, de Brasil como Os Mutantes, hasta de Perú con Los Saicos, sin embargo el paradigma de banda original primigenia en el rock ecuatoriano nos ha parecido un eslabón perdido.

Se debe en mucho a la poca o la nula cobertura que tenían las bandas por aquellas épocas, por suerte no todo está perdido, documentado está la presencia de algunas bandas que podemos decir serían el germen de la expansión del rock en Ecuador, algunos nombres que es muy probable jamás hayan escuchado en sus vidas, bandas olvidadas injustamente en el tiempo pero que rescataremos en este texto.

Hay que empezar diciendo que, contrario a lo que se podría pensar, el rock en Ecuador tuvo una buena aceptación inicial y gracias al boom petrolero de aquellos años la mayoría de la población podía acceder a reproductores de audio y televisiones, a instrumentos con nueva tecnología, y a discos de rock. No existía, pues, aquella escasez de discos de rock tan sentida como nos la han pintado, con decirles que hasta mi abuelita tenía un LP de The Beatles.

Los mayores beneficiados eran, como es obvio, quienes vivían en el Puerto Principal, en mi adorado Guayaquil, ellos gozaban de las últimas novedades en cuanto a discos, y a esto se debe que varias de las primeras bandas que tuvo el país, como de los Corvets, Los Hippies, de La tribu, la Banda Azul y Corporación de Venus, hayan nacido en Guayaquil. Noticia se tiene que en nuestro país desde 1962 y 1963 ya surgieron varios grupos con guiños al rock and roll, un ritmo que por acá se lo denominó “nuevaola” y “ye-ye”. Las primeras presentaciones en vivo de estos grupos se limitaban a Fiestas Concierto o Festivales. Sería recién en 1972 con el nacimiento de la Concha Acústica de la Villaflora al Sur de Quito, que las bandas ecuatorianas tuvieron un escenario propio. Desde un principio, en nuestro país existieron tres maneras para que un concierto se lleve a cabo: valiéndose de entes gubernamentales, “palanqueándose” con la empresa privada o arriesgándose de forma independiente. Si bien el grupo La Tribu gestionó ante el Municipio de Quito los conciertos de la Concha Acústica de la Vlllaflora desde 1972; otros lo hicieron con el auspicio de Coca Cola para el “Rock Coca Cola”en Guayaquil y los “Conciertos Internacionales de Rock en Sol Mayor” en Quito (como el llevado a efecto el 11 de diciembre de 1983); y lo que por varios años se mantuvieron con nombre de “Conciertos al aire libre en los Tres Molinos” en San Rafael, Quito, con la total colaboración de su propietario Jaime Gonzáles. En Cuenca, El Parque de la Madre o El Puente Roto ya iban siendo invadidos por pequeños conciertos improvisados.

Despegaban las primeras bandas entre las que destacó Los Corvets, Los Barracudas, Los Halcones, Los Cool Cats, Los Dragones (1963), con vestimentas ‘beatle’ y un estilo balada pop.

Con mucha más fuerza en sus líricas e instrumentación, más tarde aparecen Los Átomos, Black Light, Unión Beat, Oniy Three, Los Vips, Freedom, Easy y más. Entre 1967 y 68 surge en Guayaquil “El Primer Conjunto Psicodélico del País” bajo el nombre de LOS HIPPIES liderado por Gabriel y Homero Gallardo acompañados por Héctor Napolitano, Angel Cárdenas, Enrique Alín y Pepe Ordóñez, todos muchachos de entre 12 y 15 años de edad. Ellos ya hicieron rock y también fueron los primeros del género que lograron grabar dos discos de 45’ RPM bajo el sello FEDISCOS: “Protesta Contra el Mundo”, “Azúcar no hay Esta Noche”, “Dame Dame Amor Bueno” y “Uno”. Lo que permitió que fueran invitados a participar en un sinnúmero de Fiestas Hippies, incluso fueron el grupo de planta del primer bar psicodélico del Ecuador que fundó el legendario Pancho Jaime llamado “LOVE”; al mismo tiempo que LOS HIPPIES también encontramos al grupo Los Incógnitos de Gustavo Pacheco.

Cuando la psicodelia llegó al Ecuador, la onda realmente rockera vino por el influjo de un grupo de guayaquileños de familias pudientes que se aventuraban por EE.U.U. y Europa. Entre las figuras centrales de esa generación está el genio y la locura de Pancho Jaime, primero en realizar publicaciones rock y en tener una tienda y un bar en esta línea; donde además se promovían quermeses colegiales, reuniones psicodélicas y los primeros conciertos desde fines de los 60s.

En Quito, nacería en 1971 la primera banda considerada realmente de rock: La Tribu, encabezada por Ramiro Acosta (organizador de los primeros festivales de rock en la Concha Acústica de la Villa Flora), quien años después fundaría Sueño De Brahamas con cierta variación de integrantes; además de JARDIN DE INFAMIAS, PERSUASIÓN, TARKUS y muchas otras.
Todos estos, y los que vinieron en el transcurso de los 70s: BODEGA, KARABANA e ISRAEL implantarían en el país el Rock and Roll. Por aquel entonces las pequeñas células de rockeros se agrupaban en veladas nocturnas para disfrutar con los ritmos del momento y sus bailes cadenciosos sin ninguna propuesta ni mayor razón de ser.
Desde 1975 continuaba el auge de la escena rock con bandas como CORPORACIÓN DE VENUS, LOS DELFINES. LOS APÓSTOLES, LAS HORMIGAS, LAS CHICAS, LA BANDA AZUL, etc, En los años siguientes la corriente iba adquiriendo cuerpo. Las bandas ecuatorianas que habían resistido al comercialismo tenían en sus repertorios covers de Led Zeppelin, Deep Purple, Rolling Stones, Black Sabbath, Sweet y más, alcanzando mayor solidificación en sus cimientos para finales de la década de 1970 y durante la década de 1980.

El pedal de distorsión ya era usado en las guitarras de los músicos rock ecuatorianos, efectos como el ‘wah-wah’ marca de prestigio que también lo utilizó Jimi Hendrix, o el pedal «fush”, lo que permitió una evolución tecnológica y musical en las agrupaciones de estos lares. Así como Guayaquil, Quito, y al mismo tiempo, Cuenca y Ambato también empezaron a dar muestras de potencial rockero en cuanto a seguidores y bandas. En Ambato la más representativa de aquellos tiempos fue ALLAN FREED comandada por Octavio Segovia, que, luego de su disolución dio como resultado dos bandas hasta hoy de mucho renombre: CIRCUITO y CRY.

Situándonos en Cuenca, los primeros grupos y artistas de rock fueron LOS CUERVOS, ANTARES, y en Loja PAUL SOL, este último actualmente vinculado a la grabación y producción musical.

La lista de bandas continúa, muchas son verdaderos íconos del rock nacional, nuevamente mencionaremos a: LOS CORVETS, LOS HIPPIES, LA TRIBU, EASY, BODEGA, CRASH, MOZZARELLA, HARVEST, LUNA LLENA, RUMBASON, TARKUS, MUTACIÓN, SUEÑO DE BRAHMAS, CANCERBERO, MAN DRÁGORA, COCOA, EQUINOX, ABRAXAS, RIGHT, BLAZE, POSTMORTEM, ADIPSIA, CORAZÓN DE METAL, ALLAN FREED, METALMORFOSIS, SPECTRUM, CRY Y DAMAGE SKULL, serían algunas de las mejores. Sin embargo solo unos pocos llegaron a grabar profesionalmente.

Años después llegaría MOZZARELLA con su estilo entre sinfónico y heavy; pero en lo que a heavy metal se refiere los primeros que plasmaron su música en acetato fueron los RIGHT, BLAZE, y SPECTRUM. Casi todos con limitado apoyo de las firmas disqueras nacionales como FEDISCOS, IFESA; TEEM, ORION y ECUASON.
Con cierto criterio errado, a la banda quiteña MOZZARELLA se le ha atribuido hasta hoy, como la primera de las pioneras en hacer rock ecuatoriano, claro que sus trabajos inéditos y su buen nivel de creatividad musical la hacen merecedora de un importante sitial dentro de la movida nacional por sus dos obras Lp. en acetato (de 1982 “In Vitro y “For Export” de 1983); sin embargo estudios demuestran que definitivamente pertenece a una segunda generación de agrupaciones. En lo musical los MOZARELLA fueron los primeros en su tiempo en hacer rock dentro de un estilo más evolucionado.

En la década de 1980 recién llegaba el Punk, introduciéndose inicialmente en Guayaquil por la banda  LOS  DESCONTROLADOS, comandados por su voz principal “Prema”, un argentino desaparecido y en la actualidad escasamente reconocido en el medio. En Ambato el punk surgió gracias a la banda SACRIFICIO PUNK. Luego finalmente llegaba a Quito, representando con bandas como PUTEADA GENERAL,  L.G.P, y REALIDAD SOCIAL, asentadas principalmente en el sur de la capital. Tiempo después la corriente punk abrazó al hardcore y fue asimilada por bandas aún vigentes como los guayaquileños NOTOKEN, en Quito MORTAL DECISIÓN, y en Ambato con DISTORSIÓN SOCIAL.

Continúa…

 Mil agradecimientos a Orlando Mena cuya revista Atahualpa Rock es la gran base de toda la publicación.

Foto de Encabezado: ROCK & POP bienvenidos a Ecuador


Historia del Rock en Ecuador I: Pancho Jaime

Pancho Jaime

Ha sido verdaderamente fascinante redescubrir a este personaje, un verdadero hito en la historia musical y política de la República de Ecuador que lamentablemente ha caído el olvido, sobre todo en las nuevas generaciones que no tienen idea que alguna vez el Ecuador rockeaba de verdad, y en gran parte fue gracias a este personaje. Empecemos.

Pancho Jaime, Víctor Francisco Jaime Orellana, nacido en 1946, creció en Los Ángeles, sus padres se habían trasladado allí a principios de la década de 1950. Jaime pasó su adolescencia en la sección latina de Hollywood y se dice que hasta fue encarcelado por actividades violentas y estaba relacionado con algunas pandillas. Luego de varios impases lograría un diploma técnico en Ingeniería Mecánica y volvió al Ecuador cuando dicen, encontró una maleta de dinero en un basurero, para montarse en Guayaquil un taller mecánico, una revista de rock y tocar con su banda.1

Pancho Jaime

Definido por el antropólogo ecuatoriano Xavier Andrade como la perfecta mezcla entre un hippie y un intelectual de la clase obrera, su actitud rebelde fue la tónica a lo largo de su vida, y su estadía en el país del norte en plena revolución del flower power lo influenció notablemente, es así que una vez de  vuelta en Guayaquil (Ecuador), se compromete totalmente con la expansión del Rock en el país e inicia un ambicioso proyecto llamado Rock On.

Rock On era una revista con noticias del rock nacional e internacional que se publicó desde 1972 hasta 1985. El expendio de la revista era puerta a puerta, al principio no estuvo en ningún puesto de revista o librería. Mas con el tiempo y debido a la aceptación que tenían las publicaciones, se la llegó a difundir a nivel nacional.

Paralelamente a esto Pancho Jaime hacía de director, productor y locutor del programa radial “El Punto Veneno del Dial 1080” en Radio Noticia La Fabulosa, programa que duró muchos años y estuvo al aire todas las noches a partir de las 21 horas, fue gracias a este programa que logró enseñar a varias bandas ecuatorianas y así empezaba la escena rockera local.

Un Decenio a Full Rock

Se lo conocía como el gran promotor y productor de eventos y conciertos, muchas bandas conocieron lo que es tocar en vivo frente a un público ‘masivo’ gracias al gran Pancho Jaime. Por casi toda la década de 1970 estuvo inmerso en la vida bohemia, hasta que conoce a Araceli Zapata, mujer con quien tiempo después (1981) se casa y procrea dos niñas: Cinthia Yoconda y Génesis Lily Jaime Zapata.

En la década de 1980 Pancho Jaime funda el ‘Rock On Bar’ por aquel entonces situado en las calles Antepara y Gómez Rendón frente al colegio Guayaquil. Por el período de tres años más o menos le iba muy bien con el Rock On Bar, un templo del rock: música, videos, cerveza, alimentos, tragos livianos, camaradería pura entre todos los asistentes. Las estudiantes del Colegio Guayaquil siempre lo visitaban, algunas veces fugándose de clases, lo que puso en alarma a la Rectora de la mencionada institución y empezaron las denuncias… Pensando mejorar la situación, Pancho decide llevar el bar a Urdesa sin percatarse que, al ser éste un barrio residencial podrían surgir problemas mayores. Pero él, siempre poseedor de una personalidad rebelde, no aceptaba quejas ni reclamos y reaccionaba con provocaciones. El Rock On’ de Urdesa desde que se instaló ya dio de qué hablar, sobre todo cuando se le ocurrió incluir un póster gigante de una hoja de marihuana en la ventana del bar. Las quejas seguían llegando y las visitas de la policía eran constantes, ya que se rumoreaba que en el bar también se expendían drogas.

Nacido Para Ser Salvaje

Abdalá Bucaram y Pancho Jaime

El ser franco y directo caracterizaba a Pancho Jaime, y, por supuesto, en sus publicaciones también lo dejaba muy en claro, llegando a hacer observaciones y críticas incluso a sus amigos más cercanos. La revista seguía en auge pero los problemas con el bar seguían: en cierta ocasión las quejas por el “Rock On Bar” de Urdesa y las provocaciones subieron de tono transformándose en una rencilla personal con Alberto Borges del canal Ecuavisa. Al parecer éste hizo algún reportaje para impedir que el bar continúe en ese lugar. 
Pancho Jaime no se iba a quedar de brazos cruzados y lanzó réplicas hacia Ecuavisa en artículos grotescamente directos desde la “Rock On” revista. Primero fue un artículo luego otro. Siempre directo. Algunas veces los editoriales se limitaban a un solo párrafo concreto, por ejemplo en la publicación de diciembre de 1983 el editorial decía: “Mi revista no tiene permiso porque decimos la verdad. La verdad no necesita permiso”. (F. Pancho Jaime)
A partir de esto la revista empezó a dar un giro. Los contenidos ya no eran únicamente de rock. Poco a poco Rock On se tornaba en una revista más política que musical. Pancho empezó a atacar a quien se metiera con él. Empezó a tratar temas muy delicados y muy personales. Es entonces cuando se ve en la necesidad de dejar la revista Rock On y crear una que se ajuste a la nueva temática política. Para llevar a cabo su cometido idea una revista – periódico de formato tabloide bajo el nombre de ‘Censura”. En esta publicación sus comentarios eran cada vez más fuertes. Se metió de lleno en la crítica política, dejó atrás los conciertos, su programa radial, su bar, e incluso la amistad de varias personas, ahora en todo lo que se centraba Pancho Jaime era en hacer que la población se rebele. Sostenía que a él nadie lo podía tocar y aducía que todas sus críticas y publicaciones estaban muy bien respaldadas. Con “Censura” llegó a editar 13 publicaciones.

“Un día lo van a Matar”

Pancho Jaime comiendo revista

 “Con estos energúmenos, no paridos por mujer alguna, sino cagados por una mula, León se siente seguro en el poder, porque si alguien la hace la contra, enseguida estos arrastrados hacen el trabajo sucio de eliminarlo, pero conocido es que durante los gobiernos de extrema derecha aparecen los llamados grupos subversivos, con la finalidad de hacer que quienes tienen el poder en mano, se acuerden del pueblo.” – Pancho Jaime

 El 20 de noviembre de 1985 lo detienen por supuesta posesión de drogas. Sin confirman las presunciones es dejado en libertad en Marzo de 1986. Más tarde relataría que en aquellos meses de prisión fue llevado a la Gobernación del Guayas donde era golpeado y luego lo forzaban a comer su revista “Censura”. Tras estos acontecimientos decidió no volver a escribir en Censura y se dedicó a escribir un libro relatando algunas de sus experiencias surgidas a partir de la crítica contra la política y el gobierno, y sobre todo de la tortura recibida mientras estaba en prisión. El libro llevaba por título: ‘Otra Obra de León’ (en alusión a León Febres-Cordero, presidente de Ecuador por aquella época y contra quien Pancho Jaime luchó ferozmente) en la portada mostraba a una caricatura de Pancho Jaime tras las rejas con la leyenda “Tiene razón pero va preso”. El texto se editó el 15 de Junio de 1986 y tuvo dos reediciones.

A partir de la publicación del libro las amenazas a Pancho Jaime se incrementaron; llamadas telefónicas, cartas anónimas, la persecución política hacia él había iniciado y no iba a detenerse. Pero esto no amedrentaba a Pancho Jaime en absoluto, y vuelve a la carga con una nueva revista de crítica hacia el gobierno, con comentarios aún más fuertes que los de “Censura”, llamada “Comentarios de Pancho Jaime”.

Pancho Jaime

Se llegaron a editar veinte publicaciones de esta revista, y en la edición #20 (Agosto, 1986) Pancho Jaime se muestra en la portada parodiando al entonces presidente Febres-Cordero junto a la leyenda “Gran Huevada ser Presidente”.

En sus publicaciones denunciaba abiertamente a jueces, políticos, diputados, generales, gente corrupta y corrompida por el poder, la gente de la alta sociedad y proletarios leían sus revistas sin falta, acaso salía la vecina noviecita del juez o acaso nos explicaban por qué subía el arroz.2

 

“Y un día lo mataron”

Pancho Jaime Sepelio

Debido a las diversas provocaciones de Pancho Jaime las amenazas contra su vida se incrementaron, su esposa le pedía todos los días que dejara la revista, “un día te van a matar” le decía todo el tiempo. De repente aquél fatídico día llegó.

Era un miércoles 6 de Septiembre de 1989, cuentan los testigos que dos sicarios vigilaban a Pancho Jaime en una camioneta blanca desde la calle Brasil, una cuadra antes de su oficina en Antepara y Gómez Rendón. A las 17:30 pm, mientras Pancho se disponía a regresar a su casa, los sicarios lo abordaron en la entrada de su oficina, le apuntaron con dos pistolas en la sien, cruzaron un par de palabras y le propinaron dos tiros; uno en el pómulo izquierdo y el otro en el pecho. En un intento por salvarle dos vecinos lo trasladaron al hospital al hospital Luis Vernaza, pocos minutos después falleció. Pancho Jaime tenía 43 años.

 Diversas teorías y conjeturas se han dado alrededor del verdadero motor y autor de su asesinato, se dice que, al contrario de lo que la opinión pública en general podría pensar, el verdugo de Jaime no fue el presidente León Febres-Cordero, sino los dirigentes de un partido político que se vieron en verdaderos aprietos cuando Pancho Jaime amenazó con publicar unos cheques y cuentas que vinculaban a aquél partido con el narcotráfico:

 “A Pancho Jaime lo mató la izquierda democrática, porque él iba a publicar la copia de los cheques que utilizarían para la campaña de Borja (candidato a la presidencia de Ecuador), dinero proveniente de un narcotraficante, él era un personaje muy público a nivel nacional e internacional para que sea asesinado en el régimen de León”. Diego Delgado, economista.

Larga vida a la Mamá del Rock

 El día del sepelio lo acompañaron alrededor de 5000 personas, entre familiares, amigos, y seguidores. Un año después, el 20 de septiembre de 1990m algunas agrupaciones colaboraron con Araceli Zapata (viuda de Jaime) para llevar a cabo un concierto tributo a “la Mamá del Rock” en la esquina donde fue asesinado. Entre las bandas que participaron se cuentan a: Abraxas, Demolición, Blaze, el grupo de Henry Simisterra, entre otros. Evento que se repitió en el segundo aniversario de su muerte el 22 de Septiembre de 1991.

 Para que vean un poco más de la sal y calidad humana de este personaje citaré esta anécdota de un “exlotero”:

 “Yo conocí a Pancho Jaime cuando vendía boletos de lotería, tuve la suerte de vender sus revistas (me las fiaba por cierto) y ese capital usaba para comprar más boletos. Una vez le pregunte que por qué hablaba mal de un vendedor de cocos del Parque Centenario diciendo que era agente peruano y que en la carretilla tenía una radio de espionaje, y le pregunté que si atacaba a los políticos y poderosos, por qué lo atacaba a ese pobre vendedor de cocos, y él me contestó: -a ese pobre hombre casi nadie le compra coco, pero como la gente en Guayaquil es tan sapa, solo para averiguar si realmente tiene la radio y si es agente le va a comprar- …Nunca se vendió porque tenía principios, lo cual es muy escaso ya.(Jhonny Valencia Arámbulo, exlotero).”

 Sin lugar a dudas Pancho Jaime será recordado como el principal precursor del rock en Ecuador, un caudillo popular al cual acallaron antes de tiempo, ahora más que nunca extrañamos a un personaje con aquellas características. Pancho Jaime, una leyenda que no debe ser olvidada.

1, 2: (Pancho Jaime, La Irreverencia)

Fotografías: (Pancho Jaime fb page)

Mil agradecimientos a Orlando Mena cuya revista Atahualpa Rock es la gran base de toda la publicación.


Historia de la canción ‘Vasija de Barro’

Hay canciones que llegan a trascender fronteras, se convierten en canciones del mundo, su historia se pierde con el tiempo, pero el canto y las notas que la conforman siguen existiendo. Este es el caso de ‘Vasija de Barro’, canción universal que tiene su origen en mi patria: Ecuador, pero que aún los ecuatorianos ignoran por completo ésto.

Incluso yo, aunque siempre había escuchado a mis abuelos tocarla, y es un clásico siempre presente en los conciertos de ‘clásicos ecuatorianos’, empecé a dudar de la autenticidad de la historia que reza que esta canción ‘nos pertenece’. Pues hace unos días me puse a buscar la historia de la canción ‘vasija de barro’, para mi sorpresa no encontré casi nada, en Wikipedia no existía absolutamente nada sobre ésto, ni en las páginas de los diferentes ministerios de Ecuador. (O quizá no busqué a fondo).

Pero bueno por suerte encontré la historia detrás de la canción (en http://ecuadornoticias.org), pero no cualquiera, no, sino una contada por el mismísimo autor de la música: Gonzalo Benítez, parte del dúo Benítez-Valencia quienes fueron los primeros en entonarla. La transcribiré aquí:

Texto extraído del libro: “Gonzalo Benítez: Tras Una Cortina De Años.”

Me encontré en la calle Guayaquil con el Oswaldo Guayasamín y nos invitó, pues, a una reunión en su casa para el viernes siete de noviembre de 1950 a las siete de la noche; pero recién podíamos ir después de la Radio a las nueve y media. “A la hora que quieras”, me dice, “y por favor invítale al Valencia”.

Así que fuimos a donde el Oswaldo, pero no tenía la casa de ahora sino que vivía donde el papá, al frente de la Basílica. Llegamos como a las diez y media y les encontramos ya medios avanzados. Fuimos con una guitarrita mía que después rompió el Valencia en una reyerta. No ve que le prestaba mi guitarra para sus serenatas; así, que él se había defendido con la guitarra y me entregó el mango no más…

En la fiesta había unos 80 invitados entre poetas, pintores y alumnos de la Escuela de Bellas Artes de La Alameda. Ahí nos pidieron que cantemos y después del canto ya se hicieron grupos, así es que me fui a donde tomaban menos y el Valencia se fue a donde estaban dándole duro.

Ahí le veo al Jorge Carrera Andrade que estaba ilusionado con un cuadro del Oswaldo llamado El Origen. El cuadro estaba todavía fresco y hasta me manché los dedos. En la pintura había una vasija de barro y, dentro de esta, unos esqueletos pequeños, de niños. El Oswaldo explicó que los Incas enterraban a sus familiares dentro de la vasija junto con alimentos. Se impresiona el Jorge Carrera y le vemos que se va a la biblioteca, coge un libro y en la contratapa escribe una estrofa:

Yo quiero que a mí me entierren
como a mis antepasados
en el vientre oscuro y fresco
de una vasija de barro.

Nos impresionó a nosotros también… Cuando en eso coge el libro el poeta Hugo Alemán y debajo escribe otra estrofa:

Cuando la vida se pierda
tras una cortina de años
vivirán a flor de tiempo
amores y desengaños.

Y para susto de todos coge el libro el pintor Jaime Valencia que escribe un cuarteto muy lindo:

Arcilla cocida y dura
alma de verdes collados
barro y sangre de mis hombres
Sol de mis antepasados.

Entonces cogí el libro porque dije a mí me toca poner alguna cosita, cuando en eso me arrancha el Jorge Enrique Adoum y me dice: “Ve vos después cantarás”. Cogió el libro, corrigió cosas y puso la cuarta estrofa:

De ti nací y a ti vuelvo
arcilla, vaso de barro
con mi muerte yazgo en ti
de tu polvo apasionado.

Terminado eso, se dieron las vueltas, nadie sabía quién iba a poner música, qué se iba a hacer con la letra. Serían las doce y media. Cuando le veo al Jorge Carrera Andrade que se acerca donde mí con el libro. Entonces me dice: “Vea Gonzalo, esto con música tiene que ser una belleza”. Pensé y le dije: “Bueno”, así es que cogí la guitarra.

¿Y ahora qué hacía? El Potolo estaba dándole al chupe* y era muy difícil concentrarse con la bulla de la gente, pero como ya le acepté, bajé unas gradas con luz que había al fondo, agarrado la guitarra y el libro. Me demoré cerca de una hora y, cuando ya estuvo, regresé y encontré a mi compañero Valencia medio dormido en un sillón.
Total que le levanto y le digo: “Primero oíme cantar”. No le gustó y me dice: “Pero vos le has puesto un ritmo cadencioso“. Le digo: “No, porque la música tiene que estar de acuerdo al sentido de la letra”. “No, me dice, ponéle ritmo de albazo”. Le dije que no, porque el ritmo de danzante es telúrico. No acepto que le cambies.

Y como él siempre decía que es hincha del Aucas y que nunca pierden, cuando mucho empatan, le dije que yo era de la Liga y que ahora sí él iba a perder, ni siquiera a empatar. Así que le fui obligando y, como tenía buen oído, aprendió rápido.

Ensayamos para hacer el dúo y cuando cantamos la gente se emocionó tanto que se han pasado cantando hasta las seis de la mañana. Yo me salí como a las dos, porque como no chupaba… Ahí nació la Vasija de barro, que ahora es cantada en todo el mundo. Yo mismo no creía.

Parte II


Para que quede como documento, les pedí a los que escribieron que firmen y yo también dibujé un pentagrama y escribí los primeros compases. Entonces le dije a Valencia que firme también, como él estaba cantando…Y así quedó.
Incorporamos la canción al repertorio de las audiciones y seis años después, todavía nadie quería grabar esa pieza, ¿qué tal?

Así que fui donde Gustavo Müller de Discos Nacional a decirle: “Tengo una canción muy bonita”, y le canté la Vasija de barro. No me dio ni la hora. No llegué ni a la segunda parte porque me dio coraje. “No, no”, me dice, “eso no es comercial, eso no se va a vender”. ¡Qué cosa más equivocada en que estaba! Hasta que ya no le quise ni oír y me salí. Pero me dije: “A este tengo que ganarle”.

Incluso el Potolo se resistía a cantar y me decía: “Más bien cantemos estotra canción porque esa ya está en desuso”. Ahí me daba iras. Me fui a mi casa -en la calle Imbabura, más arriba de la 24 de Mayo-, recorté un cartoncito y me puse a pintar una vasija de barro, le puse los pedacitos de hueso y le hice una portada de disco poniéndole Vasija de barro en letras grandes, porque hasta ese momento no tenía título la canción.
Volví para convencerle a Gustavo Müller. Fui con mi dibujito y cuando me recibe le digo: “Verá, le he traído este dibujo”, y me dice: “Bonito está. A ver, ¿cómo es la canción? Cántele porque no le oí bien”.

duo benitez valencia & Cantinflas

Dúo Benítez Valencia & Cantinflas

Le canté otra vez y pregunta: “¿Con qué instrumentos podemos grabar esto?”. Le digo: “Con los mismos que tenemos”. “Entonces cite a ensayo a los músicos”. Así que reuní una orquesta de diez músicos. Al piano estaba Lucila Molestina de Pólit; en la flauta, Eduardo Di Donato; y dirigió la orquesta Manuel Espín (padre de Enrique Espín Yepez) y él mismo hizo los arreglos. Entonces hizo la grabación Gustavo Müller que sabía grabar muy bien y era profesor de sonido. Salió un disco con ocho temas y luego en un “estandar play”. Esto sucedió en 1956.

Cuando salió a la venta el disco, fui al almacén y oigo una bulla grande y cuando pregunto, me dicen que abrieron a las ocho de la mañana y a las once ya no había ni un disco. Se agotó el tiraje y estaban apuraditos en hacer una edición mayor. Así fue.

Esta canción se volvió representativa de la música ecuatoriana. Pero antes había otra canción: Guayaquil de mis amores; era lo que se conocía en el exterior, porque fue grabada el año 30 en Nueva York por el dúo Ecuador (Ibáñez-Safadi). Algunos piensan que esa fue la primera grabación ecuatoriana, pero el año 25 las hermanas Fierro ya habían grabado en Radio El Prado de Riobamba. El año 32 comenzó a grabar Carlota Jaramillo en Radio El Prado. En ese tiempo había también el dúo quiteño Páez-Villavicencio, hasta que apreció el dúo Benítez-Ortiz. Después vino el resto.

Comenzaron a aparecer “compositores” de la música de la Vasija de barro. Hasta hubo un señor de Riobamba, que había mandado una partitura diciendo que era su música. Lamentablemente para ellos, mandaron después de que apareció el disco. Cuando grabamos, el Gustavo Müller nos exigía poner autor de la música y pusimos Benítez-Valencia, pero esa música es hecha por mí solito y en la forma como les conté. Incluso los derechos de autor también le reconocieron al Potolo Valencia.

Ahora no tengo idea cuántas versiones habrá de la canción, pero, sin presunción de nada, le digo que esa música me salió bien y como dicen los chilenos, al tiro. Me parece una música muy adaptable para interpretación de solista, dúo, trío o coro.

Y cuánta razón tenía Gonzalo, podríamos decir que esta canción es la ‘Yesterday’ ecuatoriana si se quiere, por la cantidad de versiones que existen de ella. Pero ninguna mejor que la original. Aquella que evoca tantos recuerdos, esta canción, les digo mis amigos, ya pertenece al ADN del ecuatoriano, y quizá del mundo.