Las Obras Emblemáticas del Teatro

♦ Oedipus Rex
by Sophocles

Gustave Moreau

Gustave Moreau “Oedipus and the Sphinx” 1864

Qué podemos decir, muy probablemente la obra de teatro más famosa de la historia, tanto así que hasta uno de los supuestos mayores traumas psicológicos de la humanidad lleva su nombre: el complejo de Edipo. En esta obra Sófocles indaga en uno de los cuestionamientos más antiguos de la humanidad, ¿qué nos mueve: el destino o el libre albedrío? En esta obra el fatalismo se lleva el trofeo.

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♦ Doctor Faustus
by Christopher Marlowe

Mi obra favorita de Marlowe es el Tamerlán y mi Fausto favorito es, por supuesto, el de Goethe, pero es crédito de Marlowe rescatar la historia del Doctor Fausto y ser el pionero en representarla sublimemente. Luego de él las representaciones de el Fausto se multiplicarían hasta llegar a la cumbre con el mencionado Goethe.

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♦ Hamlet
by William Shakespeare

He visto que en tiempos recientes Hamlet está siendo sustituida por Sueño de una Noche de Verano como la más relevante de Shakespeare, quizá sea así para la naciente hipstereada literal, pero no podemos negar que Hamlet es el gran paradigma del teatro occidental, tan simple y compleja es probablemente la obra de teatro definitiva.

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♦ Fuenteovejuna
by Lope de Vega

Difícil colocar solo una obra del siglo dorado español. Cervantes, Calderón de la Barca, Tirso de Molina y demás ceden su lugar a esta obra que marca un paradigma en el teatro dramático. Lope de Vega apela al morbo y la memoria al acudir a la crónica de un hecho que conmovió a la España medieval; todo un pueblo cansado de la opresión decide hacer justicia por mano propia y liberarse de su castigador, al acudir las autoridades al lugar y preguntar ‘¿Quién mató al Comendador?’  todo el pueblo respondió ‘Fuente Ovejuna lo hizo, señor’. Frase que quedaría en la memoria colectiva hasta nuestros días.

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♦ Le Malade Imaginaire 
by Molière

Difícil elegir una sola de Molière pero me quedo con El Enfermo Imaginario, obra inspirada en la Comedia del Arte que nos da lecciones de vida mientras nos hace reír sin parar, quizá El Avaro sea más paradígmica pero me quedo con ésta porque fue la última de Molière, quien moriría luego de colapsar en una representación de la obra. Haría eco la frase ‘murió haciendo lo que le gusta’.

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♦ The Importance of Being Earnest
by Oscar Wilde

La genialidad compendiada en una obra, Wilde le hizo saber al mundo su superioridad intelectual al lanzar la que quizá la obra que más perfectamente satiriza a la sociedad entera.

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♦ A Doll’s House
by Henrik Ibsen

Para George Bernard Shaw (gran ausente de esta lista) Ibsen era el verdadero genio del Teatro. Esta obra es de aquellos textos arquetípticos que tienden a encajar en cada generación. La ilusión del matrimonio perfecto, el existencialismo y el despertar de una mujer. Con el tiempo se ha convertido en un estandarte del feminismo positivo.

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♦ La Gaviota
by Antón Chéjov

Quizá la obra menos conocida de la lista pero uno de los grandes éxitos de Chéjov que seguramente habría pasado sin pena ni gloria de no ser por la incursión del gran Konstantín Stanislavski y su método que cambiaría por siempre el mundo de la actuación. Lea toda la historia acá.

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♦ Waiting for Godot
by Samuel Beckett

La magnum opus del Teatro del Absurdo, oda al nonsense, no se imaginan cuántos de sus programas favoritos se derivan de esta obra, Seinfeld le hace honor con delirio. La obra trata de dos hombres esperando a Godot, éste nunca llega y por ende no hay tema central, no hay trama, solo los dos hombres esperando en medio de diálogos y situaciones aparentemente sin sentido pero cargadas de genialidad. La primera vez que ve la obra saldrá rascándose la cabeza pero irremediablemente querrá repetírsela eternamente.

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♦ La Cantatrice Chauve
by Eugène Ionesco

Esta obra representa la cumbre del teatro contemporáneo, cumbre de la cual ha ido descendiendo en las últimas décadas. Ni el mismo Ionesco pudo etiquetarla. Esta obra se podría definir como anarquía teatral, una crítica y un sacudón a la cotidaneidad de la sociedad.

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Visita al Diablo Mundo IV: Antón Chéjov y Konstantín Stanislavski

Antón Chéjov y Konstantín Stanislavski

Antón Chéjov y Konstantín Stanislavski

Si estuvieran en mis zapatos sabrían la alegría que me produce saber que hoy recordamos un aniversario más del nacimiento del gran Antón Chéjov, del cual pensé haber escrito hace mucho en esta sección del Diablo Mundo pero estaba equivocado, así que no hay mejor oportunidad de recordar a alguien que en el día de su cumpleaños. Pero Chéjov no viene solo, no, viene acompañado de su amigo Konstantín Stanislavski y una hermosa historia que cambió el mundo del teatro y la actuación para siempre.

Chéjov empezaría a escribir para ayudar a su familia inmersa en graves problemas económicos, nuestro amigo nunca se imaginó que sería tan bueno en ésto que de repente le llegó la fama. Sus primeras obras eran principalmente relatos cortos y cuentos, luego se aventuraría a escribir novelas y hasta obras de teatro, las cuales son su impronta más reconocida. La principal característica de su trabajo era la frustración que sentían sus personajes, sueños rotos envueltos en melancolía y pasividad, características con las que gran parte de la población rusa se identificada. Su obra como dramaturgo es la que servirá como nexo para los acontecimientos que serán relatados a continuación.

Generalmente la crítica especializada menciona a 4 obras teatrales como las Magnum opus de Chéjov, estas son: La Gaviota, Tío Vania , Las tres hermanas y El jardín de los cerezos. La primera que fue puesta en escena fue La Gaviota, la cual resultó ser un rotundo fracaso sumiendo a Chéjov en una profunda depresión que lo haría decir que jamás volvería a escribir una obra de teatro, fue un duro golpe al ego sin dudas. Pero por suerte para nuestro buen Antón, entre sus ‘fanáticos’ se encontraba otro dramaturgo, además de director escénico, llamado  Vladímir Ivánovich Nemiróvich-Dánchenko (nadie como los rusos para los nombres cortos), al que solo, y por el bien de mis dedos y de sus ojos, llamaremos Danchenko. Pues bien, Danchenko veía en las obras de Chéjov el futuro de la literatura y del teatro, tan entusiasta con las obras de Chéjov era, que no dudó en proponer a Chéjov una nueva adaptación de su obra La Gaviota, pero esta vez dirigida por un gran amigo de él, un amigo con el que recientemente había fundado el que luego sería legendario Teatro de Arte de Moscú, sí sí, ése mismo, este amigo era ni más ni menos que Konstantín Stanislavski.

Stanislavski y Danchenko

Stanislavski y Danchenko

Stanislavski, al contrario que su compañero Danchenko no era para nada entusiasta de Chéjov, es más, La Gaviota le parecía una obra muy aburrida, Konstantin no alcanzaba a comprender el porqué a alguien se le ocurriría escribir sobre hechos tan cotidianos de la vida. Así que al principio dudó en tomarla bajo su ala, pero gracias a la insistencia de Danchenko se llevó a cabo el suceso que revolucionaría por completo la forma de interpretación y actuación. El punto clave para que se de ésto fue el Naturalismo, motor absoluto del pensamiento literario a fines del siglo XIX, y motor de las obras y métodos de Chéjov y Stanislavski. El Naturalismo buscaba escapar de todo lo asociado con el romanticismo, es decir, los excesos líricos, que por esas épocas llegó a ser de muy mal gusto, los textos metafóricos y subjetivos, y la sobre actuación. El Naturalismo buscaba, tal como su nombre lo indica, la naturalidad de comportamientos y sentimientos, tal cual como un hombre ‘normal’ lo siente y expresaría. Se aleja mucho de los melodramas del período clásico y se adentra más en los dramas de la vida cotidiana. El punto clave de la transición entre romanticismo y naturalismo se da, precisamente, gracias a Chéjov y Stanislavski, ahora, luego de esta divagación de conceptos, volvemos a la historia.

Chéjov siempre se quejaba de la falta de naturalidad cuando intentaban poner en escena sus obras, siempre soltaba comentarios como: “-Está bien, pero hacen demasiado teatro. Un poco menos de teatro sería mejor… Hay que hacerlo completamente sencillo… tal como se hace habitualmente en la vida. Pero cómo conseguirlo en la escena, eso ya no lo sé. ¡Ustedes lo saben mejor que yo!”. O eso pensaba él, pero la realidad era que los pobres actores y directores no tenían idea de cómo satisfacer las exigencias de nuestro amigo Antón, pero oh, Dios los hace y ellos se juntan, para cada roto hay un descocido, no hay mal que árbol torcido, y demás refranes chapulinescos, me refiero a que Stanislavski había fundado un nuevo método de actuación basado en el naturalismo que caía perfectamente con el ideal actoral que veía Chéjov y no podía encontrar en ningún lado. El método Stanislavski consistía (y consiste) en que el actor debe identificarse por completo con el personaje que está interpretando, es decir, convertirse en el personaje , reaccionar y pensar como él, y mostrar éso al público. Para conseguir la aplicación correcta de su método,  estimulaba la imaginación, la capacidad de improvisación, la relajación muscular, la respuesta inmediata a una situación imprevista.  Quizá ahora parezca algo muy común, lo vemos continuamente en el cine, pero ¿quién lo inició? Sí, así es, fue nuestro buen amigo Stanislavski.

Chéjov leyendo La gaviota al Teatro de Arte de Moscú junto Stanislavski y Danchenko

Chéjov leyendo La gaviota al Teatro de Arte de Moscú junto Stanislavski y Danchenko (1898)

Como se esperaba, la adaptación de La Gaviota dirigida por Stanislavski fue un rotundo éxito, gracias a este éxito luego se estrenaron las 3 restantes magnus opus de Chéjov y el Teatro de Arte de Moscú pasó a ser el más importante en toda Rusia. Chéjov quedó inmortalizado gracias a estas obras, y Stanislavski  se convertiría en el fundador del método que luego sería utilizado en el mundo cinematográfico y así ha llegado hasta nuestros días, cambió por completo el mundo de la actuación y la interpretación. La forma de ver la vida cotidiana que tuvo Chéjov en sus obras fue el gran catalizador para que Stanislavski pueda dar rienda suelta a su nueva forma de ver la actuación. Con obras de corte Shakespereano, u otros clásicos, quizá jamás lo habría logrado tan pronto. Chéjov y Stanislavski son otra prueba de aquella especie de simbiosis, ♪ lo dijo mi psicóloga ♪. Daré por terminado aquí este post, pero les recomiendo buscar más anécdotas sobre el encuentro de estos dos, y por supuesto leer las obras de Chéjov, y el método Stanislavski lo pueden encontrar sobre todo en las actuaciones de Al Pacino: Scarface anyone?