2072 de Fausto Ribadeneira

Corría el año 2072, el planeta afrontaban el caos, la sobrepoblación ya no daba para más, el programa de colonizaje espacial en planetas gemelos aún seguía en pañales y era un privilegio de aquellos que podían pagar los miles de millones para marcharse de este planeta en decadencia. Finalmente lo habíamos logrado, el desinterés e ingenuidad de la humanidad para con este mundo lograron destruirlo. La sociedad había colapsado, la ilusión del dinero ya no era sostenible, algunos habían despertado rebelándose contra ese sistema, pocas eran las colonias que aún ansiaban ver a este mundo recuperado.

Los gobiernos del planeta, más ineptos que nunca, habían perdido el control, el manual que se les había entregado ya hacia tantos siglos atrás ya no tenía efecto, el momento más temido había llegado. Los gobiernos de los países que habían decidido, o resignarse, a quedarse no daban con un plan de contingencia; se convocó a un concurso ‘Salve su Planeta, salve su vida’. Muchos proyectos insatisfactorios fueron entregados hasta que se alzó de entre todos un sujeto: el alquimista y neurocientífico Franz Garódez Villariba, pionero del transhumanismo, llegaba con todas las respuestas tan ansiadas, haciendo uso de su encanto e ingenio poco a poco fue haciéndose lugar entre las altas esferas. Dio con una solución magnífica para el hambre y la sobrepoblación imperante entre los países subdesarrollados, en particular África; el sujeto tenía la capacidad de crear escenarios en el cyber espacio: casas, ciudades, países con todas las comodidades a la entera disposición de los más necesitados, lo llamó el Proyecto Hermes.

Franz dialogó con las familias más menesterosas y les ofreció la vida eterna, con todas las comodidades, en un mundo que él había creado, lo único que debían hacer era morir.

Al inicio esta propuesta despertó terribles reacciones, todos parecían en contra, ¡cómo se podía permitir semejante acción! Sin embargo los cabecillas del mundo vieron la solución ideal, deshacerse del tan indeseado “lastre” de la humanidad. Poco a poco Franz encontró aliados, los más terribles aliados pero aliados al fin, que concebían el cyber espacio como un depósito de basura más que un nuevo mundo. Empezaron a proliferar los secuestradores y contrabandistas de poblaciones enteras obligadas a desaparecer.

Los gobiernos ofrecieron pagos y facilidades a las naciones más pobres para que dejen morir a su población y les regalen el “placer” de una nueva vida cibernética, las miserables familias terminaron aceptando el cruel trato.

Luego de muertos, su cuerpo era comprimido y conservado en cápsulas similares a camas de hospital, su conciencia se trasladaba al escenario cibernético, ellos sentían que solo habían dormido y despertado de un mal sueño en un paraíso, finalmente sonreían, tenían todo lo que habían anhelado y más.

La población que se quedaba en el viejo mundo, y aquella que había colonizado otros planetas, podía ver cómo vivía y se desarrollaba esta nueva humanidad, un nuevo tipo de programa reality había nacido, The Truman Show se hacía realidad.

El nuevo mundo imaginado por Franz era uno donde todo podía ser posible para los hombres, un lugar donde las limitaciones no existan y cualquier deseo que tengan se les podría cumplir con una simple actualización de software. Franz ideó este mundo como un sitio seguro donde los desafortunados puedan vivir en paz, pero también lo pensó como su granja de hormigas personal, deseaba probar cómo se sentía la verdadera divinidad. Nunca imaginó que su idea sería tomada como el nuevo Jardín del Edén y él se haya convertido en el nuevo mesías y en dios para aquellos que ya vivían en su cyber espacio.

La principal desventaja de este nuevo mundo era que la humanidad iba a carecer de libre albedrío. Era Franz y sus colaboradores quienes dictarían las órdenes, la vida de una persona se repetiría infinitamente, cada nueva conciencia humana que viajaba al nuevo mundo iba con un chip personalizado, el precio de la inmortalidad era un guión pulido y terminado para cumplir a cabalidad. La vida se desarrollaría de igual manera que en el mundo ‘normal’, se nacía, vivía, y moría. Al cabo de un tiempo -miles de años- volvían los mismos personajes a desarrollar la misma historia sin cambiar un ápice a la trama. Nada se podría cambiar por más que la persona desee, a menos claro que Franz y sus colaboradores lo decidan así. Este punto no fue comunicado a muchos de quienes accedieron al programa, se prefirió ocultarlo para evitar el fracaso del proyecto.

Viendo los resultados más familias supervivientes se fueron uniendo al plan, al viajar a este escenario creado por un hombre, tenían todo lo que solicitaban, nada se les negaba, ahora eran ellos los personajes de un inmenso videojuego. Por una billonaria suma usted podía acceder al programa y hacer cuanto le venga en gana, siempre y cuando no afecte la integridad de la nueva sociedad. Podía crear mas no destruir. Por supuesto con el pasar de los años no faltó aquel que hackeó el sistema propagando virus y maldad, asesinatos al azar, guerras, destrucción. Incluso hubo algunos que dotaron a personajes con habilidades sobrehumanas, afortunadamente éstos eran detectados pronto y eran eliminados del sistema. Para las generaciones posteriores de esta realidad aquellos personajes editados con super poderes serían conocidos como héroes y semidioses, personajes míticos.

La población más acaudalada empezó a darse cuenta de su error, cómo pudieron dejar que los más pobres disfrutaran del paraíso mientras ellos aún se enfretaban al declive de una civilización sin remedio. Ahora millones de familias acomodadas acudían voluntariamente a los laboratorios del Dr. Franz Garódez para terminar sus vidas y pasar al paraíso cibernético. A estas familias se les daba un trato especial ya que pagaban a grandes desarrolladores y programadores para que cuiden de ellos en el cyber espacio.

El mundo terrenal poco a poco se iba despoblando, todos deseaban el paraíso donde todo lo podían tener sin tanto sacrificio, muchos de los niños nacidos en el cyber espacio ya ni creían que alguna vez sus padres vivieron en un mundo donde el dolor imperaba y todo se conseguía con lánguido esfuerzo.

El hombre es animal de costumbres y mitologías, sin éstas simplemente no puede existir. Así que a pesar de ya no tener la necesidad de comer ni beber agua más que por simple apariencia y nostalgia de su antigua vida, volvieron a hacerlo, se volvió a sembrar y cosechar, se volvió a inventar artilugios de cocina, a pesar que los alimentos que obtenían era una simple ilusión algunos incluso engordaban, la psyche humana hacía de las suyas nuevamente, olvidaron a sus programadores y dejaron de solicitar nuevas actualizaciones, olvidaron por completo que podían conseguir todo cuanto deseaban fácilmente. Así, esta supuesta realidad virtual y artificial pasaba a segundo plano con el pasar de los años hasta convertirse en la única realidad conocida.

Así, el mundo que conocemos quedó completamente deshabitado de humanos, el único que quedó fue el sujeto que había inventado el nuevo mundo. Al verse anciano creó hologramas y clones de sí mismo para que sigan manteniendo su mundo ideal.

Poco a poco la población del cyber espacio olvidó la existencia del Dr. Franz. Ahora tres generaciones adelante a Franz se lo llamaba ‘dios’, su mente no era capaz de asimilar que un simple hombre habría creado aquel mundo tal como les habían contado sus antepasados, eso no podía ser posible, seguro fue obra de ‘dios’. Los descendientes de los primeros viajeros pensaban que lo contado por sus abuelos no era más que un simple mito, ‘¿cómo se podría haber venido de otro mundo?’ decían, así de frágil es la memoria de nuestra raza.

Franz también olvidaría su creación en sus últimos años de vida, y en su último suspiro ni recordaba quien era, ahora sus criaturas estaban al mando, a quienes también les aburría el hacerse cargo de algo tan simple como un nuevo mundo con una humanidad y una historia que se repiten una y otra vez. Poco a poco el mundo ideal se fue convirtiendo nuevamente en algo muy similar al que conocemos ahora, la desigualdad y la sobrepoblación atacaron nuevamente, simplemente el humano olvida y no aprende jamás.

El mundo ideal perecía así en el disco duro de un antiguo ordenador.

Pasaron miles de años hasta que nuevamente se levante un sujeto con las respuestas y cree un nuevo mundo ideal en un nuevo universo cibernético, como podremos adivinar sucedió lo mismo; el mundo ideal fue creado, las conciencias se trasladaron, el antiguo mundo quedaba abandonado y solo uno quedaba, aquel que era llamado ‘dios’. Un proceso que se ha repetido más veces que el infinito.

Cómo podríamos diferenciar una realidad de otra, la humanidad es experta en ser ingenua, nuestro instinto de adaptación nos hace aceptar y asimilar cada situación o ilusión que nos entregan, nuestro instinto de supervivencia nos ha enseñado, lamentablemente, que no hay que hacer preguntas, simplemente aceptar la supuesta realidad como la vemos. Muchas veces me sorprende la imagen mental de verme acostado inconsciente en una especie de cama de hospital, conectado a varios artefactos y con varias pantallas a mi alrededor mostrando todos mis recuerdos y vivencias. Muchas veces me pregunto si ya fui presa de un Dr. Franz o si yo elegí este camino de morir y vivir para siempre soñando con mi vida, llegar al final de ésta y “rebobinarme” repitiéndola una y otra vez. Si así fuera, estoy seguro que no sería consciente de ello, ¿o acaso usted sí lo es?

Moon Transhumanism


3 comentarios on “2072 de Fausto Ribadeneira”

  1. Nico P dice:

    ¡Muy buen cuento, Fausto, me ha encantado! Desde muy pequeño yo recuerdo haber imaginado que a lo mejor todos éramos títeres en un tremendo escenario, controlados por unos gigantes, y que cuando jugaba con Lego o creaba mundos imaginarios en mi cabeza, me convertía yo en el gigante que controlaba… me parece que tu cuento es la continuación lógica de ese instinto natural humano por cuestionar la extraña sensación que de repente da, de que en realidad no somos libres, de que simplemente seguimos un guión escrito hace innumerables años atrás, un ‘destino’ inevitable en que creemos supersticiosamente aunque la ciencia y la razón bien dicen que no existe.
    Es curioso, en realidad, ese cuestionamiento de la realidad. Ya sea “El Origen (Inception)” con los sueños y el despertar, que yo creo que todos también hemos sentido alguna vez, la idea de que en realidad no hemos despertado y seguimos soñando; o el instinto primitivo por la creencia en un dios, un ente todopoderoso y omnisciente que no se contenta con solo existir sino también nos debe mandar y controlar (“Dios lo quiso así”), y que reside en un paraíso, una realidad mejor por la que se debe morir para acceder (tú cuento, claramente).
    Muy bien logrado el cuento y el concepto. ¡Gracias, como siempre!

    – Nico

    • ¡En serio muchísimas gracias por tu comentario! Me ha fascinado por completo tu opinión, pienso lo mismo, siempre tendremos aquellas interrogantes cuyas respuestas viven en nosotros pero nos negamos a escuchar para no quitarle el sentido a nuestra existencia. Me alegra sobremanera que te haya gustado, todo un honor que me leas. Saludos.


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