Tardías Reflexiones Futboleras

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Este texto fue escrito en las vísperas de la final del mundial Brasil 2014, lamentablemente jamás tuve la oportunidad de publicarlo. Ahora que las aguas han calmado y puedo retomar un poco los textos, me animo a compartir esta oda al deporte más popular en nuestra América Latina.

Se puede filosofar sobre absolutamente todo, de las cosas más aparentemente banales se puede sacar lecciones y conclusiones fantásticas; de unos momentos en la ducha, la vista por la ventana de un bus, el vuelo de las aves, la caída de una ,manzana, etc.

En estos momentos de abstracción se saca historias de todo, y en estos momentos no hay mayor inspiración que el fútbol. Sí, el fútbol. Ah, en cada mundial que veo me aparecen mil teorías sobre la vida en cada partido. A pesar de que para los seudo intelectuales el fútbol es el opio del pueblo, y es algo que propio de los primitivos y rezagados mentales, es claro que los momentos mundialistas no dejan indiferentes a nadie.

En la antigua Grecia y Roma los cronistas creaban grandes epopeyas sobre los encuentros entre gladiadores, la ciencia también avanzaba, nuevas invenciones nacían inspiradas en los movimientos de los guerreros. La danza y la poesía se alimentaba de los mismos. La catarsis y la oportunidad de experimentar lo más cercano a la guerra hacía que los gladiadores fueran entes tan preciados en aquellas culturas.

Igual pasa con nosotros y el fútbol en esta era. Se puede sacar tanto de este juego tan denostado por los intelectualoides. Woody Allen decía sobre el baseball en Zelig [1983]: ‘Amo el baseball, sabes, no tiene por qué significar algo. Simplemente es hermoso de ver. ’ Gran frase, algunas cosas no tienen por qué significar nada ni tampoco intentar encontrarle algún significado, muchas de éstas perderían su encanto.

Hacerle un análisis psicológico a cada actor en cada jugada es una obsesión. Analizar los momentos, la táctica, la técnica, es un hermoso trabajo. El mundial pasado fue simplemente fascinante, por vez primera los goles pasaron a un segundo plano y se destacó más la táctica sobre el campo de juego, para los fanáticos del ajedrez cada partido suponía una estrategia diferente que bien podríamos aplicar con nuestros caballos, peones, y reinas. Por vez primera los comentarios, diálogos y debates no se centraban en las llegadas al arco, los goles, sino en las alineaciones; observábamos con ansia las posiciones de los defensas, centrales y carrileros, fantaseábamos con la manera en que llegarían los goles, si por extrema izquierda, centro, o derecha, cada jugador se convertía en una pieza de ajedrez; ‘¡no te adelantes, vuelve a tu posición, corre, regresa, vuela!’ ¡Jaque mate! No recuerdo un mundial tan lleno de emociones en el plano estratégico. Eso sí, el mundial más sublime aún me sigue pareciendo el de Alemania 2006, en nivel de juego, ha sido el mejor que he visto en mi vida [el primer mundial que recuerdo a breves rasgos es EEUU 1994].

Para muchos el fútbol es una terapia, el gritar “¡GOOOOL!” es querer decir, ‘¡estoy aquí, estoy vivo!’ Justificar su existencia, la única manera de sentir la sangre correr por sus venas, gritar un gol con toda pasión llega a convertirse en un acto desgarrador, no hay otro grito o desplazamiento lingüístico que se le compare, una exclamación colectiva que logra llevar a la serotonina, dopamina y la adrenalina a niveles similares a un orgasmo. Este fenómeno no se da en ningún otro caso. Claro que si vemos al fútbol como una religión [iglesia maradoniana], el estadio como una catedral, y sus hinchas como feligreses, el gritar ¡Gol! sería equivalente a decir un eufórico y fanático ¡Aleluya!

Si es usted uno de aquellos que ya está harto de las burlas y discriminaciones que los seudo intelectualoides hacen sobre su fanatismo futbolero, no olvide que se le puede encontrar el “lado intelectual” a todo, simplemente elucubre alguna teoría del porqué le gusta el fútbol o responda como Woody Allen y dejará a sus críticos estupefactos, tanto que de inmediato verán al balón como uno de los elementos indispensables de la cultura, se proclamarán hinchas del primer equipo ‘triunfador’ que conozcan y se tatuarán el escudo del mismo en el pecho, todo esto en un lapso de dos semanas luego de su estupefacción. Usted siga disfrutando de las jugadas, las tácticas, y los goles como lo ha venido haciendo hasta ahora.

Como podrán darse cuenta no soy un conocedor ni amante enfermo del fútbol, simplemente amo las cosas que me inspiran, aquellas que me enseñan algo. Para muchas personas el fútbol no es más que un alienante, un come cerebros, una de las maneras mediante las cuales controlan a la población. Lo mismo se podría decir de la música, y sin embargo una es considerada una forma de arte y la otra no. Nuevamente esto me hace afirmarme en aquella respuesta que di hace varios años en la escuela cuando me preguntaron ‘¿qué es arte?’ respondí: ‘Arte es todo’. Solo debemos observar con cuidado y sin prejuicios, daremos con ella fácilmente.


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