La voz de Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

La red nunca dejará de sorprendernos, es una selva, al parecer infinita, esperando ser explorada por completo. En estos continuos viajes me he topado con una sorpresa que me ha puesto la piel de gallina, una grabación de una de mis heroínas literarias; la argentina Alejandra Pizarnik.

“Me duermo y despierto con la sensación plena de que el yo es un imposible. El tiempo, el fluir, el pasado y el futuro encarnan en mí con una lucidez implacable. Descubro que no se puede retener el yo, que es un puñado de arena en una mano angustiada.”
— Alejandra Pizarnik – Diarios

Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 29 de abril de 1936 – Ibíd., 25 de septiembre de 1972) poetisa que llegó tarde a la generación maldita y decapitada, en la Francia de fines de siglos XIX habría sido mártir del movimiento simbolista. Desde temprana edad se decantó por las letras, las vanguardias y tendencias de principios de siglo XX, aficionándose al surrealismo y al psicoanálisis. Sus problemas de autoestima y trastornos de personalidad impidieron que disfrute su vida a plenitud, siempre encontraba el lado insatisfactorio de la situación. Su difícil niñez y juventud provocarían una adicción a las anfetaminas y también se obsesionaría con dos temas que serían la constante en su obra: la infancia perdida y la muerte. Entre sus amistadas se contaba el círculo literario latinoamericano de la época del Boom, en particular Julio Cortázar con quien compartió un nexo singular y se llegaron a dedicar varios poemas, hasta hoy no queda claro la total naturalizar de aquella relación.

Julio Cortázar & Alejandra Pizarnik

Julio Cortázar & Alejandra Pizarnik

Varias veces tuvo recaídas depresivas que preocupaban a todo su círculo, nada se podía hacer lamentablemente.  Finalmente el 25 de septiembre de 1972, a los 36 años, se quitó la vida ingiriendo 50 pastillas de un barbitúrico (Seconal) durante un fin de semana en el que había salido con permiso del hospital psiquiátrico de Buenos Aires, donde se hallaba internada a consecuencia de su mencionado cuadro depresivo y tras dos intentos de suicidio. Un año antes del fatal suceso en aquel ping-pong epistolar entre Cortázar y Pizarnik, ésta terminaba una carta así:

“P.D. Me excedí, supongo. Y he perdido, viejo amigo de tu vieja Alejandra que tiene miedo de todo salvo (ahora, ¡Oh, Julio!) de la locura y de la muerte. (Hace dos meses que estoy en el hospital. Excesos y luego intento de suicidio -que fracasó, hélas)”.

A lo que Cortázar respondío: 

“Mi querida, tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estás ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo a punto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte. Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra.

Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.

Julio (septiembre de 1971)”.

Musa de muchos aunque quizá ella jamás lo percibió, hay incluso quienes dicen que ella era La Maga de Cortázar, pero para quienes hemos leído la novela está claro que no es así, Alejandra trascendía lo material y la superflua atracción mística, ella estaba al borde de lo que a mí me gusta llama Femme Divine, aquél material de musa absoluta, diosa entre los hombres.

Alejandra Pizarnik

Esta grabación cuenta con la particularidad de ser la única que hizo en vida, por lo menos de lo que se conoce hasta el momento. Escuchar aquella voz me ha helado los huesos, totalmente diferente a lo que yo imaginaba, una voz grave y absolutamente sexy, digna de una Frau Eva o de un femme fatale, y aquél acento argentino que me vuelve loco, encima recitando un poema, por dios. El poema es obra de su amigo Arturo Carrera y se titula Escrito con un nictógrafo (“…nictógrafo, el aparato que Lewis Carrol usaba para escribir en la oscuridad, la famosa “caja de hacer textos”. -Arturo Carrera).

Escrito con un nictógrafo

El escriba ha desaparecido
Señaló el sitio vacío
donde los muertos se divierten
La noche penetrando
y el glande inflado de tinta, penetrando
hacen el mismo ruido
que la muerte penetrando
Asisto a su duración en lo instantáneo
SILENCIO DESORBITADO
su fiesta en lo opaco, en lo pleno, en lo plano
la atención lleva un blanco en la frente
lleva una capa de lirones
despiertos
es la época en que la muerte entra mudaMudo mi cuerpo
Yo me impongo en tu muerte
 Yo me guarezco tu muda
 tiempo de atenuación
tiempo de purificación

tiempo de lluvias constantes
lo insensible vibra
lo insensible soporta la noche
brota flores en mitad de la noche
en mitad de la página
sobre la panza de la muerte
la orfandad lleva un blanco en la frente
E L P O E M A S E A B R E
esa es tu fuerza
la orfandad es fascinada comandada

Subida a la barca invadida y hundida de muertos
Yo en la prosa de tu libro
En el barco de los muertos
Entre volúmenes huecos mi cuerpo grafía
a otro páramo
descargando letras huesos huecos
El poema se abre
Esa es tu fuerza
 El poema toma contacto
 Se desliza con brazos extendidos
por las dos orillas
esa es tu fuerza
Me hablabas de una trampa del lenguaje
el poema se abre
SALTAN TUS MUERTOS
C L O W N S
D A N Z A S
interferencia de danzas
palimpsesto de danzas
en lo oscuro
la oscuridad polarizada

Y danzas
Como las danzas de las abejas
 invariables
te atraen con sus movimientos mociosos
para extenuar un lugar
para desocultar otro lugar
 para fingir invadir para informar
DANZAS
 vos estás dictás dilectismos
 espacios acopiados sismos
estos muertos son míos
(señalando las palabras)
estos muertos son míos.

alejandra pizarnik
“Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero.”
—  Alejandra Pizarnik

Poemas de Alejandra Pizarnik


2 comentarios on “La voz de Alejandra Pizarnik”

  1. Mapilonga dice:

    Esta publicación me gusta mucho, creo que de alguna forma me veo por ahí jejeje.
    Felicidades. Te he nominado para un premio wordpress de bloggers. Puedes ver los detalles aquí: http://paracaidasparahormigas.wordpress.com/2014/06/29/algo-diferente/


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